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nov
21
Vista de pájaro de la variante de Oyambre paralizada

El dinero de todos o Lo bien hecho bien parece y viceversa

Se acumulan las sentencias judiciales contra obras y proyectos aprobados por los últimos gobiernos de Cantabria. Hace unos días el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) echó abajo el Concurso Eólico de Cantabria por el que se habían otorgado 1500 MW de potencia eólica, distribuidos en siete zonas, a otras tantas empresas promotoras.

 

El concurso tuvo una amplia contestación desde su publicación, de ecologistas y plataformas ciudadanas que rechazaban el exceso de potencia y la falta de criterios –y planificación- de sostenibilidad paisajística y medioambiental.

 

Luego vino la variante de Oyambre. La Sala de lo Contencioso-Administrativo del TSJC, acaba de anular la variante Este en proceso de ejecución y condena al Gobierno regional a la restauración de los terrenos afectados. La sentencia pone de manifiesto las numerosas irregularidades cometidas por la administración regional, más concretamente, de la Consejería de Obras Públicas encabezada entonces por José María Mazón (PRC)

 

Pero mucho antes había sido la variante de Comillas que debió finalizarse en 2008 y fue paralizada cautelarmente por el TSJC en 2009 para evitar daños al patrimonio arqueológico y natural.

 

El puerto de Laredo, un exceso de obra que no se ajustaba, una vez más, a necesidades reales, prácticamente vacío después de invertir 90 millones de euros.

 

Un aeródromo para uso de hidroaviones destinados a la lucha contra incendios que costó más de 1 millón de euros y está inutilizado por la proximidad de un parque eólico burgalés previamente instalado y que además dificulta la actividad del Observatorio Astronómico de Cantabria, construido a pocos metros de la cabecera de la pista.

 

Suma y sigue. La sede del Gobierno Regional demolida después de desafectar el edificio, Bien de Interés Cultural puesto que albergaba en sus bajos los fondos del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, para levantar en su lugar un edificio emblemático cuyo proyecto costó un buen pico más modificaciones posteriores; sin olvidar el coste de la construcción de un edificio como sede provisional, que ahora será definitiva.

 

En definitiva, ejemplos del pervertido concepto de algunos gestores públicos de que el erario público es elástico o, lo que es peor, "alguien lo pagará y no voy a ser yo".

 

Para rematar, "el extraño caso de los cuadros –comprados con cargo al presupuesto de Cultura- desaparecidos", o depositados en un lugar inapropiado por ética y estética.

 

Un autentico despropósito promovido por unos cuantos irresponsables políticos, del que se han beneficiado otros cuantos y cuyas consecuencias vamos a pagar con mucho sudor y muchas lágrimas todos.


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